El Reino Unido ha conocido en los últimos tiempos importantes transformaciones en el modo de organizar los servicios sociales. Una de ellas ha sido integrar la protección social a menores dentro del sistema educativo. Este cambio supone un reto considerable para asistir a los jóvenes con necesidades complejas -es decir, qeu presentan una enfermedad aguda o crónica, una discapacidad múltiple o severa, problemas graves de conducta o dificultades de aprendizaje-, ya que se corre el riesgo de discontinuar la atención dispensada a estos jóvenes, que, al cumplir 18 años, se ven obligados a pasar a los servicios sociales dirigidos a la población adulta. Estos últimos además, se encuentran todavía en fase de reestructuración, lo que puede complicar más el tránsito entre ambos.
Por todo ello, el presente estudio, que indaga en las experiencias de los jóvenes de entre 14 y 19 años y sus familias en el paso a la vida adulta, resulta particularmente oportuno. Las conclusiones apuntan a que la atención que los servicios sociales para adultos brindan a este colectivo no es tan buena como la proporcionada por los servicios de menores, y que, en el caso de muchos jóvenes que viven alejados de sus hogares, ese proceso de transición no está bien gestionado.
Información recogida del Boletín del Real Patronato sobre Discapacidad (2008, abril) 63