Jóvenes, preparados y muy capaces

Fecha

29/01/2012

Medio

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No hay quien le gane a José Antonio Carreira Prada en puntualidad. Entre media hora y una hora antes de que comience su turno, ya está en la empresa para cambiarse de ropa y, sobre todo, para compartir un café con sus compañeros. José Antonio sufre parálisis cerebral. Es una discapacidad que lo acompañó toda su vida, desde que nació, pero nadie duda de que, a estas alturas, es una persona muy capacitada. A sus 43 años, vive por su cuenta -compartiendo un piso tutelado con otro discapacitadoEn el SID sugerimos utilizar la palabra o expresión Persona con discapacidad en su lugar.- y haciendo frente a los gastos mensuales con su sueldo de media jornada, unos 700 euros.

«Llevo ya siete años en la estación de la ITV de O Ceao. Allí trabajo de ordenanza y limpiando. Tanto uso la fregona como la máquina. Cada día, friego una línea y trabajo cinco días a la semana a turnos (mañana o noche) durante tres horas y media. Es el único trabajo que tuve, pero me gusta ir a trabajar porque así soy igual que todos y eso es lo que quiero», relata.

El sueldo de José Antonio le permite pagar su ropa, su comida (en la residencia de Aspnais) y su vivienda. También irse de vinos o de copas con sus amigos y, sobre todo, demostrarse a sí mismo y al resto del mundo que él es, simplemente, igual que todos. «En casa, yo y mi compañero compartimos las tareas domésticas. Tenemos un panel con los trabajos que ha de hacer cada uno. A mí me toca limpiar el baño, el salón y la habitación», dice, con orgullo.

En su vida, no existen barreras. Por eso, se plantea también buscar novia y formar una familia. «Para ser igual que todos», insiste.

Ahora sí es igual que los demás, su puesto de trabajo se lo ha permitido y él lo demuestra día a día. «Para mí, un trabajo significa libertad. Me permite ser como los demás y hacer mi vida. Ahora solo me falta tener una familia, que es tan importante como tener un trabajo», comenta.

‘COACH MANAGER’

Iago Pérez Santalla tiene madera de un buen ‘coach manager’. Lejos de la imagen tópica del líder y directivo que todo lo arrasa, Iago -desde su silla de ruedas- puede sacar punta de su discapacidad para asesorar a los demás en la culminación de proyectos sociales y culturales. Él mismo es el mejor ejemplo de su talento para reconducir la senda vital hacia el éxito. Su secreto está en su lucha diaria con la vida. Con 29 años y parálisis cerebral, tiene una carrera universitaria, Educación Social, y dos másteres más: uno, en Servicios Culturales y otro, en ‘coaching’. Le sobran cualificación y valía para no ponerse límites.

Iago fue invitado ya dos veces como ponente al Congreso Internacional de Coaching. Allí expuso una teoría y una práctica que él resumió en dos libros: la del ilímite. O sea, la negación de los límites. Estos dos libros, que escribió, son: ‘O ilímite de pensarte libre’ y ‘El ilímite del potencial humano’, del que es coautor con Manuel Rivero. «Nos congresos, falo para empresarios e executivos como ‘coach manager’ e creo que moitos se decatan de que é posible traballar con persoas con discapacidade porque nós somos capaces de chegar ao ilímite», afirma.

Ahora, piensa continuar con su aventura literaria -escribe, además, una columna semanal en Galicia Dixital- mientras que no renuncia a buscar un trabajo fijo, entre los distintos módulos que imparte en escuelas de negocios. «Botei currículos por todo Lugo. En moitos sitios, trátante con infantilismo. A xente debería deixar de xulgarnos sen coñecer o que hai. Fun a algunha entrevista de traballo de asociacións de menores en risco social ou para seleccionador de contidos web, pero non me colleron en ningún sitio», afirma.

INFORMÁTICA

María Mercedes Fuentes Faílde acaba de publicar su primera novela, ‘Controlando los pájaros mecánicos’, y ya está embarcada en otra. Pero, además, dedica cuatro horas diarias a preparar unas oposiciones para la Xunta, donde trabajó tres años, como auxiliar informática. Tiene 32 años y sufre parálisis cerebral.

«Estuve becada dos años en el Laboratorio de Arqueología y luego entré en el IGVS donde estuve tres años más ganando un sueldo de 1.400 euros al mes. Ahora llevo un año y cuatro meses en el paro y quiero opositar. Por el día, estudio y por la noche, escribo. Me gustaría ser novelista, pero también me gustaría vivir sola en un piso (en Santiago ya lo hice con una amiga) y formar una familia. Creo que soy capaz siempre que dé con la persona adecuada», explica.

Para María, como la llaman en casa, un trabajo es sinónimo de autoestima. «Estar trabajando es sentirse útil», opina.

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