Un estudio demuestra la efectividad del Interferón Beta 1-B para el tratamiento de la esclerosis. Una investigación sobre 1.400 pacientes evidencia que la sustancia reduce el número de brotes y frena el desarrollo de la enfermedad

Fecha

22/11/2000

Medio

OTR PRESS / EUROPA PRESS - Madrid

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El año 1995 supuso un punto de inflexión para los pacientes con
esclerosis múltiple, ya que se aprobó el Interferón Beta 1-B para
tratar esta enfermedad. Un grupo de expertos, tras estudiar el efecto
de este fármaco en más de 1.400 pacientes de 100 hospitales de toda
España, aseguran que la sustancia consigue disminuir el número de
brotes en estos pacientes. Estos datos, que se recogieron entre 1995
y 1998, son ahora publicados en el Acta Scandinavica y supone el
primer estudio mundial sobre el tema.

Aunque la esclerosis múltiple sigue teniendo un mal pronóstico,
los expertos no dudan en afirmar que corren tiempos favorables para
la enfermedad, especialmente porque hay muchos más neurólogos en
España interesados en el tema. "Hace unos años apenas había
especialistas interesados en estas cuestiones", explica el doctor
Alvarez-Cermeño, miembro del Servicio de Neurología del Hospital
Ramón y Cajal de Madrid.

Uno de los resultados de este auge de la investigación de la
enfermedad en nuestro país es un estudio realizado sobre más de 1.400
pacientes de 100 hospitales del Insalud y los Servicios Catalán y
Andaluz de Salud. Dicha investigación tenía por objeto la eficacia y
seguridad del tratamiento con Interferón Beta 1-B sobre la esclerosis
múltiple remitente/recidivante (la que actúa por brotes), con
resultados muy esperanzadores.

Según expuso el doctor Arbizu, miembro de la Unidad de Esclerosis
Múltiple en el Hospital de Belvitge de Barcelona, este tratamiento
consigue reducir la media de los brotes de 2,1 a 0,3 al año. Este
dato es especialmente relevante si se tiene en cuenta que la
esclerosis es una enfermedad degenerativa del sistema nervioso que va
dejando secuelas irrecuperables con cada brote.

La gravedad de la enfermedad radica en la frecuencia con que
aparecen estos episodios, ya que aunque los primeros suelen tener una
buena remisión, progresivamente la medicación va teniendo menos
efecto y el paciente camina hacia una discapacidad que puede llegar a
ser total.

ENFERMEDAD ACTIVA

Según el doctor Arbizu, este tratamiento, que ya está disponible
en todos los hospitales de forma protocolaria, se aplica a pacientes
que tienen la enfermedad activa, es decir, que hayan tenido al menos
dos brotes en los años anteriores.

En principio se establece este criterio porque es posible que la
enfermedad se manifieste una vez y luego se quede "dormida" o que se
dé en las formas más benignas, con una actuación muy lenta y que
permiten tener una vida normal al paciente. Esta precaución se basa
en que el tratamiento es de por vida -el enfermo se tiene que pinchar
un día sí y uno no- y tiene algunos efectos secundarios.

Los más frecuentes son pequeñas lesiones cutáneas en la zona de la
inyección (afecta a un 38 por ciento de los pacientes) y los efectos
pseudogripales, que remiten al cabo de las horas. Sin embargo, los
pacientes que tienen un elevado número de brotes tienen en este
fármaco una esperanza, ya que el estudio evidencia que los pacientes
pasan de 3,5 brotes en los dos años previos al tratamiento a tener
sólo uno en los dos años siguientes.

Además, el doctor Arbizu asegura que los efectos se mantienen en
el tiempo, ya que al cabo de cuatro años se constata que el número de
brotes al año se mantiene y el nivel de discapacidad al cabo de
cuatro años es similar al momento previo de recibir tratamiento. A
pesar de los buenos resultados globales del medicamento, éste no
actúa en un 22 por ciento de los enfermos, en cuyo caso se interrumpe
la medicación.

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