Un biomaterial de seda de gusano abre una nueva vía para reparar el daño cerebral causado por el ictus

Fecha

06/05/2026

Medio

Servimedia

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Un parche de seda para reparar el cerebro tras un ictus

Un equipo de investigadores liderado por la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) ha desarrollado una innovadora estrategia terapéutica frente al ictus basada en un pequeño parche de fibroína de seda de gusano que se implanta sobre la superficie del cerebro y ayuda a activar sus propios mecanismos de reparación.

El trabajo, realizado en ratones con ictus experimental, demuestra que este biomaterial natural, resistente y compatible con el organismo, puede liberar de forma controlada una molécula capaz de atraer y mantener células madre en la zona lesionada. Estas células pueden contribuir a activar mecanismos de protección y reparación del tejido cerebral, comunicó este miércoles la UPM.

El ictus, también conocido como infarto cerebral, es una de las enfermedades más graves y frecuentes. En España, constituye la primera causa de muerte en mujeres y la segunda a nivel general. Se produce cuando una arteria que lleva oxígeno al cerebro se bloquea, lo que provoca daños en el tejido cerebral.

Sus consecuencias pueden ser devastadoras. Una parte importante de los pacientes fallece y entre un 30% y un 40% de los supervivientes quedan con secuelas que afectan a su vida diaria. Aunque existen tratamientos para intentar disolver o retirar el coágulo, no siempre funcionan y no todos los pacientes pueden recibirlos. Además, actualmente no hay terapias capaces de reparar la zona dañada.

Capullos de gusano

El nuevo enfoque ha sido desarrollado por investigadores de la UPM, en colaboración con la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). La estrategia se basa en un parche de fibroína de seda, un material natural procedente de capullos de gusano de seda, que se coloca sobre la superficie cerebral y actúa como sistema de liberación local y controlada de fármacos.

El parche libera la molécula SDF-1α, que ayuda a atraer y retener células madre en la zona lesionada. Este proceso resulta especialmente complejo en el cerebro debido a la fragilidad de este tipo de moléculas y a las barreras naturales que dificultan su llegada y permanencia en el tejido dañado.

Desde hace décadas se investiga el potencial de distintas modalidades terapéuticas basadas en moléculas neuroprotectoras o células madre, con el objetivo de reducir el tamaño del infarto cerebral, la mortalidad y la discapacidad asociada. El estudio, dirigido desde el Centro de Tecnología Biomédica de la UPM, propone ahora una nueva vía: “implantar biomateriales naturales biocompatibles capaces de estimular los mecanismos de autoprotección y autorreparación cerebral”.

Mejora de la función cerebral

En las pruebas realizadas con ratones que habían sufrido un ictus experimental, el parche de seda bioactivo favoreció el reclutamiento y la retención de células madre en la zona del implante, redujo el tamaño del infarto cerebral y mejoró la recuperación funcional, siempre según las conclusiones del trabajo.

Además, los investigadores observaron una restauración de la actividad eléctrica cerebral y una mejora de la destreza sensoriomotora previamente comprometida por el ictus. “El parche de fibroína de seda destaca por su biocompatibilidad y resistencia a la degradación enzimática, lo que lo convierte en un sistema idóneo para la liberación local y controlada de fármacos”, concluyen.

El proyecto se ha desarrollado dentro de la iniciativa MINA-CM, financiada por la Comunidad de Madrid. Esta alianza impulsa nuevas tecnologías para diagnosticar y tratar enfermedades como el ictus, el alzhéimer o el párkinson.

Además, la empresa Silkbiomed, una spin-off de la UPM, “ha estandarizado el proceso de fabricación del parche, un paso clave para que pueda producirse a gran escala en el futuro”, detalló la universidad. “La estrategia terapéutica descrita muestra un alto potencial para el tratamiento del ictus y otras lesiones cerebrales agudas, como los traumatismos craneoencefálicos”, señalaron los investigadores.

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