Servicios de salud sensibles y accesibles para atender a mujeres con discapaciad intelectual o del desarrollo

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Plena inclusión

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En 2020, cada día 25, desde Plena inclusión España se quiere recordar un asunto relacionado con las situaciones de violencia contra las mujeres con discapacidad intelectual o del desarrollo. La campaña, que parte de la idea propuesta por Naciones Unidas para que la denuncia de estos hechos vaya más allá de 25 de noviembre, se ha estado repitiendo los 25 de cada mes. En abril, Silvia Muñoz, técnica de Plena inclusión España, dirige su mirada hacia los servicios de salud. A continuación, su artículo.

La falta de acceso a los servicios sanitarios puede ser una forma de violencia contra las mujeres con discapacidad intelectual o del desarrollo.

La investigación sobre la salud de las personas con discapacidad intelectual o del desarrollo ofrece sobradas evidencias para afirmar que estas personas tienen peor salud que la población sin discapacidad intelectual, una menor esperanza de vida y, además, que esto no tiene una relación directa con los problemas de salud asociados a su discapacidad; esto quiere decir que hay factores externos que están haciendo que estas personas presenten una menor salud y tengan una menor esperanza de vida por el hecho de tener una discapacidad intelectual o del desarrollo.

¿Qué ocurre si ponemos el foco en las mujeres con discapacidad intelectual? Este efecto, ¿se mitiga o por el contrario implica una doble fuente de desigualdad? Lamentablemente, los datos parecen indicar que, de nuevo, las mujeres tienen peores condiciones de salud que los hombres con discapacidad intelectual, en concreto en el estudio sobre indicadores de salud POMONA II, en el que Plena inclusión colaboró, se encontró que las mujeres tenían más probabilidades de desarrollar alteraciones tiroideas, obesidad, cataratas, migraña, alteraciones de la marcha y epilepsia.

Los motivos para que esto ocurra pueden ser múltiples. En diferentes investigaciones se ha señalado la importancia de empoderar a las propias mujeres para que ellas mismas puedan tomar decisiones informadas sobre su salud y los tratamientos que pueden recibir. Sin embargo, también se considera fundamental la formación del personal sanitario.

En este tiempo en el que se está evidenciando el que los profesionales del ámbito de la salud tienen la mejor de las disposiciones que se pudiera soñar para desempeñar su profesión, aun a riesgo de sus propias vidas y las de sus familias, nos parece fundamental reclamar que se haga un esfuerzo por invertir en la formación de estos profesionales, así como en equipamientos adaptados, ya que en muchos casos puede que no cuenten con las herramientas adecuadas; por ejemplo, una herramienta tan sencilla como un Pasaporte Sanitario, podría hacer que las mujeres con discapacidad intelectual o del desarrollo y mayores necesidades de apoyo, pudieran comunicar, como prefieren que se realice su exploración ginecológica.

El Ministerio de Sanidad publicó recientemente un documento técnico con consideraciones éticas sobre la Pandemia de COVID 19 y en uno de sus apartados se habla sobre las Decisiones sobre cuidados intensivos de pacientes vulnerables, haciendo una referencia explícita a las personas con discapacidad: “proscribir cualquier otra discriminación en el acceso a los recursos asistenciales escasos con ocasión de una pandemia por motivos tales como la discapacidad en cualquiera de sus manifestaciones”.

Esta frase, es un espejo que evidencia que este tipo de discriminaciones se han producido o podrían producirse. Hemos podido ver como las mujeres con discapacidad intelectual o del desarrollo tienen peores indicadores de salud que las personas sin discapacidad intelectual o incluso que los hombres con discapacidad intelectual. Nos preocupa, que en situaciones de emergencia pudieran verse doblemente discriminadas.

Silvia Muñoz. Plena inclusión España

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