Segovia no es una ciudad accesible, según las personas con discapacidad

Fecha

29/11/2018

Medio

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Acciones cotidianas como comprar una barra de pan o sacar dinero de un cajero suponen toda una odisea para cientos de ciudadanos que tratan de adaptarse a una orografía compleja y a establecimientos e instituciones que no terminan de convertirse en lugares cien por cien accesibles.

Las personas con discapacidad, entre 7.000 y 8.000 en Segovia, y en especial las que tienen problemas de movilidad siguen siendo uno de los colectivos que más reformas reclaman porque consideran que la ciudad es «un hervidero de trampas» para sillas de ruedas, personas con reducida visibilidad o cualquier problema de movilidad.

Uno de los principales impedimentos son los escalones, pero también complican enormemente su transitar los bordillos sin rebaje y el adoquinado, que predomina en muchas de las calles, en especial, del casco histórico, según indica la secretaria de la Fraternidad Cristiana de Personas con Discapacidad (Frater) Segovia, María José del Río.

El compromiso y las acciones que han llevado a cabo las instituciones a lo largo de los últimos años a favor de la accesibilidad son muy valoradas por esta agrupación porque «contribuyen a mejorar la calidad de vida de las personas con discapacidad, pero también de los mayores y de la ciudadanía en general», advierte Del Río.

El problema es, a su juicio, que no se deben de llevar a cabo acciones puntuales, sino que debe de iniciarse un programa transversal que aglutine a la administración local y autonómica para generar una cadena de accesibilidad completa. «No queremos ser más que nadie, pero es la única forma de que las personas con discapacidad puedan llevar una vida normal y en igualdad de oportunidades», afirma. María José del Río reconoce que Segovia es muy difícil de adaptar por su relieve y por su carácter histórico, así como por el título que ostenta de Ciudad Patrimonio de la Humanidad. Sin embargo, advierte de que «una ciudad tiene que velar primero por sus ciudadanos y luego por sus piedras y turistas».

Además del casco antiguo, por el elevado número de calles con adoquines, el colectivo pone en la lista roja de la movilidad al barrio de El salvador y al de San José, uno de los más dejados. En cuanto a las calles destacan por sus dificultades Padre Claret o la avenida San Juan, empinada, con adoquines, aceras estrechas y una curva en la parte superior difícil de superar para las sillas de ruedas. Además, estos obstáculos suponen una pérdida de tiempo, ya que les obligan a rectificar recorridos y a crearse un mapa mental antes de salir de casa, pero también implica falta de oportunidades a la hora de participar en diferentes actividades culturales o sociales.

Por ejemplo, en la iglesia San Juan de los Caballeros que, además, de un espacio religioso es un centro cultural en el que tienen lugar exposiciones, conciertos o representaciones teatrales, las personas con silla de ruedas tienen «enormes complicaciones». No solo para acceder al interior, sino también para transitar por la zona, por lo que la mayoría optan por no acudir a este espacio. Lo mismo ocurre con el Centro Social Corpus, situado en la calle Juan Bravo, en el que se celebra la exposición de pintura de una de las asociadas a Frater, Carmen García, bajo el título ‘Nuestras capacidades superan nuestras limitaciones’. A pesar del interés que despierta esta muestra entre los asociados la mayoría no podrán visitarla por la imposibilidad de entrar. En este espacio se desarrollan exposiciones, también actividades como bolillos, pintura talleres de musicoterapia o cursos de informática. Muchas de ellas, con un gran atractivo para las personas con diferentes discapacidades, pero que no pueden realizar ni en este ni en otros muchos centros de la ciudad porque no pueden entrar en las instalaciones, lo que consideran una importante discriminación.

El Palacio de Quintanar o algunas salas del Museo de Arte Contemporáneo Esteban Vicente son otros de los lugares en los que encuentran serias limitaciones. El Ayuntamiento, la Diputación o los Juzgados sí que han habilitado accesos adaptados en las traseras de los edificios. Sin embargo, siguen existiendo obstáculos, por ejemplo, si una persona en silla de ruedas quiere asistir a una boda en pisos superiores del Ayuntamiento o cuando los vehículos obstaculizan estos accesos prioritarios. «Con acciones tan simples como una rampa con las medidas estipuladas o un elevador se podría conseguir la normalización. A veces la sociedad no valora que un mínimo escalón es una gran discriminación», lamenta Del Río.

Adoquines
En actos sociales como los conciertos de las Ferias y Fiestas de San Juan y San Pedro también han comenzado a instalarse plataformas elevadas que les permiten ver las actuaciones. Aunque, según este colectivo, estas medidas deberían de ser habituales en todo tipo de eventos y no solo en situaciones concretas. El problema con los adoquines no solo se produce cuando con relativa frecuencia se levantan, sino que es continuado, ya que hacen que las sillas se queden atrapadas. Por otra parte, el traqueteo las estropea con facilidad y agrava los problemas de las personas que van sobre ellas, asegura Basilia Martín, una de las afectadas.

El transporte público cuenta con graves deficiencias, ya que según Manuel Fernández, que tiene que desplazarse en silla de ruedas de forma continuada, «las rampas no suelen funcionar y se pierde más tiempo esperando a un autobús realmente adaptado que en llegar al lugar». En su caso viaja hasta Madrid en AVE con frecuencia y afirma que nunca ha encontrado un servicio de las líneas 11 y 12 en el que funcione la rampa de acceso.

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