Polémicas y falta de ayudas cuestionan una nueva terapia para los tetrapléjicos

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El proyecto «Lázarus», de carácter privado, trata de apoyar las investigaciones de la doctora Almudena Ramón, directora de la Unidad de Regeneración Neural del Instituto de Biomedicina de Valencia -dependiente del CSIC-, que ha conseguido reparar lesiones medulares totales en ratones. A día de hoy, el problema es que no hay presupuesto para avanzar en las experimentaciones que ahora quiere realizar la doctora Ramón en cinco pacientes, lesionados medulares. Necesita 700.000 euros. Por eso «Lázarus» se moviliza.

Así las cosas, el futbolista asturiano David Villa ha lanzado desde Twitter a sus 710.000 seguidores un llamamiento en ayuda de la investigación. En el CSIC, sin embargo, tienen dudas y consideran que se están recaudando fondos de una forma poco clara. Temen, asimismo, que se estén levantando expectativas ilusorias y por ello abusando de la buena voluntad de personas parapléjicas, de sus familiares y de sus amigos.

El proyecto «Lázarus» lo capitanea José Molina, padre de un joven que quedó tetrapléjico tras un accidente de esquí. Su principal objetivo es ayudar económicamente a las investigaciones que tratan de devolverles la movilidad a lesionados medulares -algo que hasta ahora nunca se ha conseguido- mediante una terapia quirúrgica que consiste en usar células del propio paciente, obtenidas del lóbulo olfativo del cerebro. La doctora Ramón logró resultados exitosos en ratas, sus superiores dudan y, en todo caso, no ven bien la colecta.

En varias ocasiones, la doctora Ramón, que ahora está de baja, defendió su trabajo diciendo que «ya hemos hecho todo lo que se podía hacer en el laboratorio para demostrar que la glía envolvente del bulbo olfatorio puede curar lesiones de la médula espinal».

Ha añadido que «nuestros resultados ya han sido reproducidos de forma independiente por otros científicos de distintos países. Para que se haga una idea, ya hay más de sesenta artículos científicos internacionales que avalan que estas células promueven la reparación del sistema nervioso lesionado y, de ellos, cuarenta y cinco estudios describen su eficacia en distintos modelos animales de lesión medular. Por eficacia entendemos que animales parapléjicos con lesiones de distinto grado de severidad, incluidas las lesiones completas, trasplantados en la fase aguda y crónica, han recuperado su función motora, sensitiva y se ha producido la regeneración en sus médulas espinales».

La investigadora cree que «ya se ha demostrado que esto lo consiguen no sólo las células de roedor, sino también las de otras especies y también las humanas. Ya se ha probado que esta terapia funciona en varias especies como el perro, el cerdo y los primates no humanos. Ya se ha demostrado que las células de primate son seguras para su uso en terapia y que el propio paciente puede ser donante de sus propias células, lo que constituye la terapia celular más segura para cualquier paciente. Ya se han desarrollado todos los protocolos quirúrgicos para la aplicación de esta terapia en personas.

Además, la utilización de estas células cumple los requisitos que organismos internacionales exigen a toda terapia experimental para ser trasladada a pacientes con lesión de la médula espinal. Es decir, ya hemos dado, con creces, todos los pasos que se podían dar en el laboratorio. ¿Qué más podemos hacer a nivel científico? Sólo queda que alguien decida poner los medios para trasladar esta terapia a las personas que lo necesitan. Da mucha rabia ver cómo, tras haber llegado con éxito al final de la experimentación, los avances científicos no se aplican. ¿Para qué investigamos entonces?».

Desde el proyecto «Lázarus» creen que la nueva terapia ya se puede aplicar a tetrapléjicos. El límite temporal lo fijan en los dos o tres meses posteriores a haber sufrido la lesión medular, ya que se necesita un plazo determinado para que la persona afectada esté estabilizada y así evitar lo que se denomina como falsos positivos, unas reacciones equívocas a los estímulos que no pueden considerarse como un principio de movilidad.

Eduardo Ruiz, del proyecto «Lázarus», considera que se podrían iniciar las pruebas de forma inminente y progresiva en un grupo de pacientes que oscila entre cinco y ocho personas. De esa forma, cuando se haya realizado la mitad de los trasplantes «el primero ya podría tener resultados, y si son como esperamos resultarán positivos». Desde las instancias científicas oficiales se señala, sin embargo, que nunca es bueno «dar falsas esperanzas a nadie».

Ruiz cree que si finalmente los resultados en humanos son positivos «se habrá terminado el problema económico», aunque mientras tanto necesitan financiación y el apoyo institucional para seguir desarrollando el proyecto. Han solicitado varios presupuestos a hospitales públicos y privados para poder utilizar las instalaciones.

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