«Las personas con discapacidad son las últimos en entrar y las primeros en salir»

Fecha

22/05/2020

Medio

El Norte de Castilla

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Si la crisis global del coronavirus ha interrumpido el día a día de todos, imaginemos cómo pueden ser las dificultades añadidas para las personas con discapacidades físicas o mentales. Para ellos, el parón ha alterado experiencias y esfuerzos para acceder al empleo. Un camino que se pondrá aún más cuesta arriba que para el resto cuando la normalidad vuelva a nuestras vidas.

En su ayuda trabaja la Asociación Inserta Empleo de la Fundación Once. La pandemia ha transformado un trabajo con cientos de beneficiarios en Castilla y León, a los que incluso han incorporado a 81 nuevos perfiles en sus itinerarios de búsqueda de empleo desde que el 16 de marzo cerraron sus oficinas. Begoña Grijalvo es su directora regional.

– ¿Cómo era su labor antes del coronavirus?

– En Inserta Empleo desarrollamos dos programas que se financian gracias a los Fondos Sociales Europeos. Por un lado, uno de garantía juvenil para personas con menos de 30 años. Por otro, uno más generalizado para el resto de discapacidades. Hasta ahora, los técnicos se desplazaban diariamente para visitar a los posibles beneficiarios. Y también había una labor con las empresas para conocer los perfiles de trabajo que demandaban y cruzarlos con nuestros usuarios.

– ¿Cómo se han reconvertido?

– Antes todo era presencial. Ahí se incluían las formaciones en centros especializados de los que somos los tutores para lograr cuadrar perfiles y demandas laborales. Hemos tenido que reorganizar todo y dotar a nuestros técnicos de herramientas para teletrabajar. Ha sido un reciclado que nos ha permitido darnos cuenta de que, incluso ahora, nuestra labor es posible, bonita y diferente.

– ¿Qué echan de menos?

– Por un lado, estamos más concienciados de la necesidad de comunicación, de hablar. El contacto directo hace que la relación sea más profunda y directa. Hay que tener en cuenta que, al otro lado del teléfono, hay personas con todo tipo de dificultades, algunos con problemas de salud mental y que pueden vivir solos. Necesitan aún más compañía y ayuda. Nos hacemos más conscientes de sus necesidades, que van más allá del empleo.

– Ese contacto directo ayuda a encauzar mejor cada caso.

– Claro. Sus problemas son aún más complejos y la realidad se les ha hecho más dura. Verse en directo ayuda mucho. Imagine a mujeres con discapacidad víctimas de violencia de género. Ese contacto nos daba muchas alertas físicas y visuales de sus problemas.

– ¿Se puede trasladar esa alerta a la conexión telefónica?

– Lo intentamos. Nuestros técnicos tratan de desarrollar sus capacidades para captar todos los matices. Ahora es clave la labor al teléfono para detectarlos. Vamos más a la calidad que al número de citas que concertamos. Y estamos en contacto con todo el tejido asociativo para derivar casos si lo vemos oportuno.

– Con las discapacidades ¿la tecnología es una barrera más o ayuda a llegar hasta ellos?

– Hay de todo. Para los mayores de 50 años es una grave dificultad si no hay hijos en los que apoyarse. Los jóvenes controlan más. Pero hay muchos que no tienen esas herramientas por problemas económicos. Y las dificultades se agravan en el entorno rural.

Carencias digitales

– ¿Desde Inserta les han buscado alternativas?

– Estamos negociando el aumento de apoyos y donaciones de todo tipo para que al menos les podamos ofrecer una ‘tablet’ a los usuarios y que accedan a internet. Hay que pensar que esto se puede prolongar aún muchos meses y tenemos que intentar mantener sus itinerarios de formación y empleo.

– ¿Y cómo se han adaptado sus planes formativos al encierro?

– Con proyectos como el Plan Quédate en Casa. Hemos reconducido todo para que no pierdan oportunidades y darles formación ‘online’, centrada en tres líneas: competencias digitales, profesionales y habilidades para la búsqueda de un empleo.

– En un entorno tan complejo, uno imagina que la promoción laboral de la discapacidad se ha hecho todavía más difícil.

– Siempre somos los últimos de la fila al incorporar a la gente a un empleo. Y los primeros en salir cuando hay dificultades. En la anterior crisis fuimos los que más empleo perdimos. La realidad vuelve a atacarnos con mayores dificultades. El 90% de los contratos Inserta con empresas se han paralizado.

– Y luego están los riesgos sanitarios.

– También. La discapacidad los convierte en personal de alto riesgo y las empresas no tenían definidos los protocolos de contagio. Se ha impuesto la palabra miedo. De un lado y del otro. Por eso tenemos un trabajo ingente por delante para reactivar toda nuestra labor.

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