Erasmus con discapacidad: un viaje sin límites para crecer

Fecha

20/02/2020

Medio

ABC

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Es lunes por la tarde en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Valladolid (UVA). Algunos estudiantes y profesores se cruzan a la entrada, de camino a sus tareas. Detrás de ellos se abre la puerta y entra Antonin Mangeot, acompañado de Rafael de la Puente, técnico en discapacidad del Servicio de Asuntos Sociales de la UVA. Un poco después, la perrita Lamy conduce a otra estudiante, Noemie Lepriol, que junto a Dorine Lemaistre y Antonin, se prestan a contar cómo está siendo su estancia Erasmus en Castilla y León.

Los tres vienen de Francia para estudiar un curso completo en la UVA y, mientras se busca un lugar para conversar para este reportaje, Lamy no deja de observarnos, atenta a su compañera Noemie, de la que es su perro guía. Los tres cuentan con algo que los diferencia de los miles de estudiantes que desde hace treinta años recorren Europa para sus estancias universitarias gracias al programa Erasmus. Los tres tienen una discapacidad que no les ha impedido hacer este viaje de conocimiento.

Los servicios universitarios se encargan de organizar todo lo que precisen los estudiantes

Antonin, que estudia un Grado homologable a lo que aquí es Administración y Dirección de Empresas, tiene Síndrome de Asperger, y afirma que tomó la decisión de venir porque «quería estudiar en España para desarrollar mi autonomía y mi español y descubrir otra cultura». Confiesa que «algún estudiante me ha dicho que él no podría hacer lo que hago yo». El comienzo en España no fue sencillo por las dificultades de socialización e integración que entraña su discapacidad y asegura que, desde su prisma, «en mi Facultad no fue fácil, parece que no era esperado en ninguna parte; tenía la impresión de que nadie me conocía». El Servicio de Asuntos Sociales y el de Relaciones Internacionales de la UVA se lo hicieron más fácil, apoyando las adaptaciones de asignaturas, uniendo recursos e informando a los profesores, además de que se ocupan de todo lo que implica la residencia de estos alumnos aquí. En esta estancia también colabora con apoyo la Gerencia de Servicios Sociales de la Junta de Castilla y León.

La burocracia del inicio tampoco se lo pone fácil a estos estudiantes, pero ahí están los servicios universitarios para tenderles la mano y que todo sea más sencillo. Ahora, Antonin ve a una psicóloga, acude a clase y ya ha realizado siete viajes en España que relata uno a uno: a Bilbao y San Sebastián, a Segovia y Ávila, a León, a Valencia, a Oviedo y Gijón, además de Zaragoza, Oporto y Coimbra, y espera conocer Mallorca. Ahora también dice sentirse «bien».

Buena acogida

Dorine y Noemie se apoyan la una a la otra. La primera dice que les ha sido «fácil» adaptarse a las clases «porque son la mitad en español y la mitad en inglés», como en su país, y que se han sentido «muy bien acogidas por los compañeros, los profesores y los servicios sociales» de la Universidad, añade Noemie. Viven en la Residencia Alfonso VIII, donde la UVA mantiene habitaciones adaptadas para estudiantes con discapacidad, y ya en junio sus familias viajaron a Valladolid para comenzar la preparación del viaje con los responsables de la Universidad.

Antonin cuenta con apoyo de la Asociación Erasmus Estudent Network. Noemie, con ayuda de la ONCE para adaptarse a su vida diaria aquí, y con un voluntario del Programa Mentor de la UVA -antiguos alumnos erasmus que se ofrecen a acompañar a estudiantes extranjeros a su llegada-. «Me han ayudado mucho», dice Dorine, que ha recibido ayuda de Predif y dispone de un asistente que le da apoyo en su quehacer cotidiano: desayunar, ducharse…

Dorine y Noemie, que estudian diversas asignaturas relacionadas con el español, consideran que «en la facultad los españoles se juntan con los españoles y los erasmus con los erasmus», algo «un poco raro», y echan en falta más integración entre ellos. Esto también suele suceder con los españoles cuando hacen un viaje de este tipo a un país europeo, comenta Rafael de la Puente.

«Es mucho más fácil moverte en España porque la gente está dispuesta a ayudar y aquí me abren la puerta, mientras que en Francia tengo que pedirlo»

Aún así, la sociedad vallisoletana les ha acogido bien. «Es mucho más fácil moverte en España porque la gente está más dispuesta a ayudar y aquí me abren la puerta, mientras que en Francia tengo que pedirlo», afirma Dorine desde su silla de ruedas. Llega a narrar que en su país, estando con sus amigas en la parada de autobús, ellas subieron al vehículo y el conductor arrancó dejándola en tierra porque «dijo que no podía perder tiempo» en que ella subiera al vehículo. Allí se quedó sola en plena calle.

Noemie también relata la experiencia de llegar a un restaurante en Valladolid y que el camarero, por desconocimiento de la normativa, no le dejara entrar con su perro y sus amigas. Hubo un plante de todas y, aclarada la situación, el camarero se disculpó «y me invitaron a comer», añade contenta.

Rafael de la Puente y Belén Artuñedo, vicedecana de Movilidad de la UVA y profesora de la Facultad de Filosofía y Letras del Campus de Valladolid, acompañan a estos alumnos y hasta han sido el contacto más directo con sus familias, temerosas del viaje que emprendían sus hijos. Artuñedo comenta que la llegada de alumnos erasmus con discapacidad «es aún incipiente», pese a que el programa lleva 30 años; apenas son un 0,16% del total de alumnos que viajan a España con este programa. Se pueden contar con los dedos de una mano, como señalan también en los servicios de Asuntos Sociales de las otras universidades públicas de la Comunidad. En la de León, que ahora mismo no tiene alumnos erasmus extranjeros con discapacidad, Charo Turienzo explica, como sus homólogos de las otras tres instituciones académicas, que puede haber estudiantes que no requieran de sus servicios y no pasan por ese departamento, pero que «en España tenemos una red muy buena de atención y están muy bien tratados».

«Hay una frase que dice que cuando venimos lloramos dos veces, una cuando llegamos y otra cuando nos vamos»

Natividad de Juan, de la Universidad de Burgos, afirma que reciben al año de dos a tres alumnos que cuentan con asistencia desde el momento en que lo solicitan, lo que corrobora -como De la Puente-, José Ángel Gallego, el técnico en discapacidad de la Universidad de Salamanca: «En cuanto formalizan la matrícula, intervenimos a petición del alumno, que recibe una mayor flexibilidad para adaptarse», como sucede con cualquier estudiante que cuente con necesidades específicas de apoyo.

Llorar dos veces

En la USAL estudia Filología Hispánica otra alumna inglesa que prefiere ocultar su nombre. Tiene una discapacidad vinculada al estrés -un problema de movilidad en la muñeca y la mandíbula- pero que no le ha impedido enfrentarse a esta experiencia. Valora especialmente «que los profesores son muy comprensivos y si no entendemos algo nos ayudan mucho, lo que me sorprende porque son gente muy ocupada». ¿Lo más complicado para ella? Ser capaz de cuadrar horarios de todas las asignaturas que quiere cursar. Pero, al final, como apunta Dorine, «lo más difícil será volver a Francia», a lo que Noemie añade que «la vuelta será tan difícil como la llegada». Antonin lo tiene claro: «Hay una frase que dice que cuando venimos lloramos dos veces, una cuando llegamos y otra cuando nos vamos».

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