El suicidio y su impacto sobre las personas con discapacidad

Fecha

31/05/2022

Medio

Todo Disca

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Desde ASPAYM señalan que el suicidio es la gran lacra social de España, también para las personas con discapacidad. Según datos oficiales, en 2020 casi 4.000 personas se quitaron la vida, lo que hace que España contabilice once suicidios diarios.

Esta situación se ha visto acrecentada por la pandemia del Covid-19, que se ha reflejado en un aumento de los cuadros de angustia, depresión, soledad no deseada y ansiedad. Dichas situaciones muchas veces vienen dadas por miedo, inquietud, perdida del trabajo o no tener alegría de vivir. Una mochila que pesa en el día a día.

La parte buena es que la sociedad cada vez es más sensible con este problema. Es consciente de la magnitud que tiene el problema y, por ello, pide soluciones apropiadas.

La parte mala es que la prevención del suicidio en España sigue siendo una asignatura pendiente. Asimismo, no existen datos segregados por sexo de las personas que han decidido suicidarse.

Como es obvio, esa falta de información no ayuda a prevenirla. Los expertos destacan que  la depresión y la soledad no deseada son las que encabezan este desolador ranking. También en las personas con discapacidad.

Factores de riesgo del suicidio

Desde ASPAYM señala que el suicidio es la primera causa de muerte no natural. En los últimos años, las cifras de personas que se quitan la vida han duplicado a las víctimas mortales de tráfico. El CERMI recogió esta frase en su seminario ‘El suicidio, el mayor fracaso social en España’: «Es fundamental plantear cambios en un sistema que convierte al individuo en el único responsable de lo que consigue o deja de conseguir».

Muchas veces la gente carece de apoyo, entorno o empatía en momentos de gran necesidad. La configuración actual del mundo también deposita una carga excesiva sobre las personas. Incluso cuando no corresponde. Frente a toda adversidad, asumen la responsabilidad, cuando no la culpa, de sus situaciones. Esto se agrava cuando el motivo de un posible suicidio es una discapacidad adquirida.

CERMI propone varias recomendaciones y herramientas para afrontar el problema, La primera de ellas, plantear soluciones que permitan el aplazamiento de la decisión de suicidio. También se sugieren gestos de empatía esenciales, como escuchar sin juzgar, ahorrar críticas, contar con una red de contactos y acudir a terapia cuando se necesite.

Depresión que lleva al suicidio

Aunque en España faltan datos, en América Latina si existe información al respecto. El Instituto Hispanoamericano de Suicidología señaló en 2015 que el 3% de jóvenes con discapacidad «se suicidan al no poder hacer frente a su nueva condición».

La entidad señalaba que la ceguera es la discapacidad que más conducía al suicidio; incluso cuando es «menos aparatosa que una mutilación o la pérdida de movilidad». Y anota un aspecto interesante. Y es que la decisión suele tomarse «en los tres primeros meses de haber sucedido el hecho».

Por ello se remarca la necesidad de apostar por un apoyo psicológico, más allá de la rehabilitación física. El asesoramiento adecuado en salud mental previene depresiones y ansiedades. Estas enfermedades pueden derivar en conductas autolíticas, en las que el paciente se inflige daño a sí mismo, y pensamientos e ideaciones suicidas.

En España, SID Inico cuenta con un artículo sobre la intención de suicidio en pacientes con dolor crónico. Y aunque admite que faltan estudios al respecto, se cree que las tasas de suicidio consumado son mayores en este sector.

La situación crónica lleva aparejada un esfuerzo por sobrellevar dicho dolor que se sabe no tendrá fin. Frente a esa realidad, también pueden aparecer intenciones suicidas. En todo caso, la depresión es el común denominador. Con ella cuesta desarrollar estrategias activas. Por eso, es fundamental intervenir para prevenir la autolesión e iniciar un tratamiento agresivo de la depresión de las personas.

Noticia de Manuel J. Ruiz Berdejo López.

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