Desirée Vila: “La amputación me trajo más cosas buenas que malas”

Fecha

19/03/2020

Medio

Marcaº

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El pasado 4 de marzo, Desirée Vila subió a sus redes sociales el siguiente mensaje: “Hoy es el cumple de Muñín. Cinco años desde aquella operación que me cambió la vida. Agradecida por todo lo bueno que he vivido desde entonces”. Iba acompañado de un vídeo haciendo una voltereta lateral y lo celebró con una tarta de chocolate.

“Me siento muy afortunada. No cambiaría mi vida de ahora por la de antes, no cambiaría todo lo que he aprendido. Creo que, dentro de lo malo que me pasó, he tenido mucha suerte. Soy feliz y haber pasado por esa situación crítica -podría haberme muerto- me ayudó a relativizar y a darme cuenta de lo realmente importante en la vida”, reflexiona.

“No veo la amputación como algo malo, me ha traído más cosas buenas que malas, muchas oportunidades. Si no es por ella, ahora no me estaría preparando para unos Juegos porque la gimnasia acrobática, que era el deporte que yo practicaba, no era olímpica”, dice. Ni tampoco viviría en el CAR de Madrid, ni sería embajadora de marcas…”, añade.

La gallega tenía 16 años cuando en 2015 sufrió una fractura de tibia y peroné mientras se entrenaba para el Europeo de gimnasia acrobática. Una negligencia médica derivó en la amputación de su pierna derecha.

“No te voy a negar que a veces echo de menos no tener que ponerme una prótesis para salir a correr o que fue duro el primer día que intenté aprender a caminar porque me frustraba o cuando quise montar en bici y no controlaba mi prótesis y me caía. Pero pesa más lo bueno que lo malo. No diría que fue una mala época, fue un aprendizaje”, dice en tono reflexivo.

Optimismo y vitalidad

“En el fondo la recuerdo como si fuese todos los días mi cumpleaños porque me venía a ver mucha gente, me traían regalos y hacíamos merendolas. Me sentí muy querida”, dice.

Le costó más de un año subir una foto a las redes sociales porque le daba reparo enseñar su prótesis. “Si me hacían una foto y se veía, pedía que no la colgaran. Ahora corto yo los pantalones para que se vea y suelo cambiar el encaje y la carcasa, como hace la gente con la funda del móvil. Me gusta tunearla. A veces de colorines, otras brilli-brilli, en Navidad era roja… Soy muy alegre y un poco loca, y es parte de mi identidad”, dice riendo.

La conecta con el móvil o el ordenador para controlar la rodilla. “La puedo poner en modo bici eléctrica, correr o cualquier otra actividad deportiva. El problema es cuando me quedo sin batería“, cuenta riendo. Eso le pasó un día en el colegio. “Y la pierna se quedó como una pata de palo, no se doblaba. Mi madre me la tuvo que llevar e hice el examen al lado del profesor porque era el único sitio con enchufe”, cuenta entre risas.

Compagina los entrenamientos de atletismo con sus estudios de Relaciones Internacionales y con charlas en las que lanza dos mensajes: “Hay que aceptar el cambio y verlo como algo bueno y una oportunidad, y hay que aprender que todos tenemos discapacidad, que son nuestros límites, y también supercapacidades”.

Conocer a Irene Villa fue “un punto de inflexión”. “Pensé que si ella tenía una vida existosa, yo también podría lograrlo”, recuerda. Porque, como dice Desirée: “Lo único incurable son las ganas de vivir”.

Volvió a nacer gracias al atletismo

Cuando volví a encontrar mi camino y una nueva motivación, el atletismo, volví a nacer. Me hizo recuperar la ilusión y tener un objetivo de saber hacia dónde enfocar mi vida los próximos años”, reflexiona Desirée Vila.

Antes había probado el tenis en silla, el baloncesto y la natación. Llevaba un año y medio sin correr cuando se puso la prótesis de atletismo por primera vez y entonces todo cambió.

Debutó a nivel internacional en el Europeo de Berlín 2018 y se estrenó en un Mundial en 2019 en Dubai. “Guardo mejor recuerdo del Mundial porque lo había preparado mejor y me salió bien. Hice mis marcas y volví contenta. Pero el Europeo me sirvió para darme cuenta de que lo que me gustaba no era la gimnasia, sino la competición“, dice. Compite en longitud y velocidad porque se complementan, aunque prefiere la primera.

Habitualmente se entrena en el CAR de Madrid y vive en la Residencia Blume pero estos días está en casa de su novio encerrada, como el resto de españoles, por el estado de alarma. Tras el cierre del CAR se marchó allí.

“Hasta que cerraron los parques, entrenaba en ellos. En un piso es todo más limitado. La preparación no es la misma. Pero somos deportistas 24 horas y yo sigo cuidándome. Si hay Juegos sé que no tengo posibilidad de medalla aún, pero mi objetivo es posicionarme a nivel internacional”, dice.

Tokio 2020 es de los pocos eventos que no se han cancelado por el coronavirus. “Si se mantienen en la misma fecha, lo que me preocupa es estar en desventaja con otros países cuyos atletas sí hayan podido entrenar con normalidad. Si se retrasan, será como volver a empezar. Habrá que replanificar todo”.

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