Cuando la vida se vuelve una carrera de obstáculos

Fecha

Medio

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn

La vida se le detuvo un día después de haberse comprado unas zapatillas. Ya tenía en mente su próxima carrera de ultra trail, ya sabía cuándo las iba a estrenar. Hoy, un año después de aquel jueves negro, su mujer abre la puerta de la habitación del Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo. Dibuja una tímida sonrisa. «Pasad, pasad», dice él con voz jovial. Viste chándal, lleva puestas aquellas zapatillas. «Fue una tontería. Estaba en el jardín de mi casa y… Con tan mala suerte… En un muro había unas hojas de eucaliptus, me subí, me resbalé, me golpeé la nuca, y me estalló la C5. Y me quedé tetrapléjico».

Alejandro García Navarro comenzó a escribir su nueva biografía el 5 de diciembre de 2013. Punto y seguido. Lo de antes, los ocho años en la Legión, su etapa de paracaidista en Alcalá de Henares, su casi una década como agente de la Policía Nacional en Málaga forma parte de un pasado que sabe que no regresará. «El primer avance para un paciente se da en el momento en que asume su nueva situación, la pérdida. Cuando deja de lamentarse ». Habla Carmen Fernández, una de las psicólogas de este hospital de referencia mundial que ha cumplido cuatro décadas y que el pasado martes fue visitado por los Reyes con motivo de este aniversario.

«He sido motero, escalador, toda mi vida he estado metido en mil fregaos. Y aquí estamos en otro». Tras el accidente, Alejandro permaneció quince días en coma inducido en la UCI del hospital de Málaga. No movía piernas, no movía brazos. «De hombros para abajo, nada de nada. Me dijeron –en Málaga– que con mi lesión era difícil el que pudiera recuperar o avanzar mucho más». Parecía condenado a la nada. Pero recurrió a Toledo. Al Hospital de Parapléjico. «Y vi la luz», dice convencido.

«Aquí no hacemos milagros. Sólo somos un centro en el que todos, todos, enfocamos nuestro conocimiento y esfuerzo en la recuperación del paciente. Aquí todos los recursos van focalizados a un mismo objetivo». Es Francisco Marí, director gerente del hospital, quien lo explica.

La fase hospitalaria de Alejandro está a punto de llegar a su fin. En ‘sillalandia’, como describe al centro, poco más pueden hacer por él. Ya está preparado para la vida real. Para su nueva vida. Pero en este tiempo ha derramado lágrimas. Muchas. «Los dos o tres primeros meses lo que quería era morirme. No quería estar aquí. Tengo una niña de un año y un niño de tres y no quería ni verlos. Me tiraba horas y horas mirando por la ventana, llorando, porque creía que todo acababa aquí, en esta silla». ¿Qué cambió?

«Empecé a ir a terapia y me di cuenta que todos, más o menos, tenían o habían tenido un sentimiento parecido al mío y… Es una trayectoria que todos vamos viviéndola muy parecida. Cierto es que he conocido a gente supernegativa, que se han tirado aquí meses y se han ido igual que entraron, que no han avanzado, porque no tienen actitud alguna. Se niegan».

«La colaboración del paciente es determinante para alcanzar los objetivos que se han fijado. Es más, con la fuerza de voluntad, extraordinaria en algunos casos, se consigue lo que muchas veces nosotros, después de años trabajando aquí, no nos hubiéramos imaginado nunca. Pacientes que aún con una lesión mala pueden conseguir la independencia». Manuel Salinero Pérez es supervisor del Área de Fisioterapia y Terapia Ocupacional.

Medicina personalizada

«El primer día que me llevaron al gimnasio mi fisioterapeuta me puso al lado de Diego, un chaval de 18 años. Estaba celebrando que se iba para Holanda, esa mañana se había sacado el carnet de conducir y en una zambullida… Yo estaba hundido. ¡Y qué fuerza me dio hablar con él! Tenía los brazos cogidos como yo. Él hizo el esfuerzo de arrimarse, de estirar la mano y… Ese choque de nudillos… Porque los tetrapléjicos no nos damos la mano, nos la chocamos. Lo seguí pasando mal, pero… Aquello fue un punto de inflexión».

Son las caídas, como la zambullida de Diego o el resbalón tonto de Alejandro, el principal motivo de que un «bípedo, como decimos aquí» termine postrado en una silla de ruedas. Hace unos años la causa principal eran los accidentes de tráfico. Ahora, de los 300 ingresos que se registran de media al año, para estancias de entre seis y doce meses, la estadística la encabezan las caídas, seguidas de patologías médicas, tales como tumores o isquemias. Al año se contabilizan en España mil nuevos lesionados medulares.

El Hospital de Parapléjicos de Toledo abrió sus puertas en octubre 1974 como un centro rehabilitador. En estas cuatro décadas ha atendido a unas 13.000 personas. Desde hace años practica una medicina personalizada con cada paciente. Cada lesionado medular es distinto, no hay dos lesiones iguales. Son los médicos rehabilitadores y fisioterapeutas quienes, tras determinar la dolencia, diseñan el programa específico.

A ellos se suma el entorno clínico y psicológico para que el paciente pueda abandonar el hospital en las mejores condiciones. «Este es un pequeño mundo hecho por y para nosotros. Ahora hay que dar el siguiente paso que es salir a la calle, que es muy duro. Para mí este hospital ha sido un regalo. El primer mes aquí me lo pasé con ese palito rojo, como el de ‘Mar adentro’, aquí en la boca. Pulsaba con la boca para pedir que me sacaran los mocos, para que me dieran agua. Es una fase superdura. Piensas que te vas a quedar así, pero comencé a mover un poco el brazo y con la ayuda de los facultativos y la fuerza de voluntad… Empecé de nuevo. De cero».

La progresión de Alejandro fue asombrosa. También sus ansias de superación. «Aquí todos somos héroes. A mí me dijeron que me sería imposible llevar esta silla –impulsada por él–. Y yo quería esta silla. Mira la otra –la eléctrica– dónde está, ahí, cogiendo polvo. ¿Sabes cuánto tardaba al principio desde la habitación a terapia ocupacional? 45 minutos. Y está ahí al lado. Ahora tardo dos. Yo lo tenía claro, tenía que lograrlo. Aquí todo el trabajo y sacrificio que hagas se ve recompensado en pequeños avances, muy lentos, pero son avances».

«¡Lo emocional es algo tan complejo! Los pacientes pasan por distintas fases. Pero aquí se sienten en un entorno seguro, entre iguales. Por mucho que nosotros les digamos… es clave cuando ven que vienen pacientes, conduciendo sus propios vehículos, que les cuentan sus experiencias en la vida real». Firma estas palabras la psicóloga Carmen Fernández.

«Yo a todos, a todos los que venían para una revisión, por un nuevo ingreso, les preguntaba lo mismo: ‘¿eres feliz?’. Y todos me decían lo mismo: ‘Sí’. Tienes que asumir que tu vida va a ser distinta, que nunca harás lo que hacías antes. Yo antes quería que mis hijos corrieran, ahora sé que se van a hinchar a hacer kilómetros conmigo en bici. Buscaré cosas alternativas. Distintas, pero que me llenen como me llenaban las otras, las de antes». «¿Miedo a salir? Claro que sí, todos tenemos miedo. Pero hay que seguir, cada uno con nuestra vida», dice Alejandro. «Cuando mis hijos sean mayores me gustaría que pudieran decir, egoístamente, que la lesión de su padre les permitió disfrutar de él, crecer junto a él. Con eso me quedo.

Lo otro no va a volver». Mientras, en el hospital sigue el día a día. Despiden a unos, reciben a otros. «Llegan con la silla en la cabeza y se van con ella en el culo. Así comienzan a avanzar ». La maquinaria de médicos, fisioterapeutas, psicólogos… está siempre a punto para ayudar a superar obstáculos a quienes un día se quedaron quietos. En el laboratorio, Eduardo Molina, investigador, sigue buscando el milagro. «¿Qué titular me gustaría leer de aquí a unos años, cinco o diez? La terapia X, llámase celular, de fármacos o combinada, permite a un parapléjico recuperarse. Ese, ese es el titular». ¿Por qué no?

EDUARDO MOLINA, INVESTIGADOR
«En poco tiempo se verán los resultados de diez años de trabajo»
El departamento de investigación fue el último en sumarse al Hospital de Parapléjicos de Toledo. Hace una década. Y ahora, «en nada, en dos o tres años», comenzarán a recogerse los primero frutos a horas interminables de entrega.

Eduardo Molina, coordinador de investigación, avanza que «tenemos dos ensayos clínicos en marcha: uno con vitamina D, con el que se pretende endurecer los huesos de los pacientes y así evitar fracturas; el otro, con hormona de crecimiento».

Trabajar con los pacientes, el contacto directo, aporta a los investigadores una visión real. Los facultativos aplican los tratamientos puestos en marcha por los investigadores. El triángulo es clave. «Pero para el lesionado medular, nosotros siempre vamos lentos», asume.

Mientras, en el despacho, Francisco Marí, director gerente, reconoce que «el hospital va a revivir su segunda juventud. Ahora hay que poner el foco en la investigación. Por ahí pasa nuestro futuro».

Quizás te interese:

¿Quieres recibir noticias en tu email?