Consiguen revertir la resistencia bacteriana a los antibióticos

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Ha llovido mucho desde que Florey, Chain y Fleming recibieron el premio Nobel en 1945 por el descubrimiento y producción de la penicilina, el primer antibiótico utilizado en medicina. En todos esos años, los antibióticos han estado junto a los doctores y han permitido que muchos de los procedimientos que hoy son habituales, como la cirugía o los trasplantes, no se convirtieran en una amenaza para la vida de los pacientes por culpa de las infecciones. Ahora, se ha avanzado en las técnicas para revertir la resistencia bacteriana a este tipo de fármacos.

Por desgracia, las bacterias son mucho más rápidas que los científicos y gracias a la evolución son capaces de desarrollar nuevas armas para luchar contra los antibióticos en cuestión de minutos. Por eso desde hace ya varios años la OMS y la comunidad científica han alertado de que el gran avance que supusieron los antibióticos en calidad de vida y superviviencia puede estar en riesgo a causa de la aparición de bacterias resistentes a los cócteles más agresivos de fármacos.

Ahora, unos investigadores han utilizado un sofisticado modelo matemático, llamado «máquina del tiempo», para optimizar al máximo la utilización de los antibióticos ya existentes y conseguir «rebobinar» la evolución y la resistencia de las bacterias. «Los médicos no suelen seguir un orden concreto cuando utilizan varios antibióticos», ha declarado Miriam Barlow, co-autora de la investigación y bióloga en la Universidad de California en Merced.

Tal como explica, el estudio, publicado este jueves en la revista «PLOS ONE», tiene como objetivo orientar a los médicos a la hora de escoger el orden de los fármacos que deben utilizar: «Ahora se podrán beneficiar de un sistema ordenado de rotación de fármacos que ha sido puesto a prueba (…) y que tiene como objetivo revertir la resistencia y permitir que un determinado antibiótico funcione».

Por último, en resumen y quizás contradiciendo a la regla matemática, el orden de los factores sí altera al producto, según las autoras. Así que han buscado modos de someter a los microbios infecciosos a la máxima presión posible usando los antibióticos que ya existen, pero prestando atención a la secuencia de la administración.

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