Aprender a “alejar” el dolor

Fecha

29/11/2018

Medio

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Aproximadamente un 12 % de la población española vive con dolor crónico, que puede llegar a causar sufrimiento e, incluso, depresión, en la persona que lo padece. El papel de la psicología es importante para “gestionar” esa situación y conseguir que la mente permita “alejarlo”.

Así lo ha manifestado a Efe Antoni Castel, coordinador del Grupo de Trabajo de Psicología y Dolor de la Sociedad Española del Dolor (SED) y organizador de la I Jornada de Psicolo-gía y Dolor, en la que se han abordado las nuevas aportaciones de esta disciplina en su tratamiento.

Según este psicólogo, “el dolor es una experiencia subjetiva, cada uno tiene el suyo propio. Y presenta un componente sensorial (noto que me pincha, me pica, me corta, me aprieta), otro emocional (me desespera, no puedo más, me angustia, tengo miedo) y un tercero evaluativo (cómo lo valoro)”.

La función del profesional es dotar al paciente de técnicas y estrategias para manejar y gestionar mejor su dolor que permitan, en la medida de lo posible, que éste disminuya y pueda llevar una vida más o menos normal, ha señalado el doctor Castel, psicólogo clínico de la unidad del dolor del Hospital Universitario Joan XXIII de Tarragona.

Con ello se va a conseguir que la persona tome menos medicación, espacie las visitas a urgencias, tenga una mejor calidad de vida, mantenga el puesto de trabajo si está en activo o pueda seguir desarrollando las actividades cotidianas en casa.

El tratamiento psicológico se ofrece en las unidades del dolor, a las que llegan los pacien-tes derivados por el médico de cabecera u otros especialistas cuando lo consideran necesario.

En España existen 300, de las que 183 son públicas. Según una encuesta de la SED, el 29 % de ellas dispone de psicólogo, porcentaje que asciende hasta el 51 % en aquellas clasifi-cadas como multidisciplinares.

Los psicólogos, según explica el doctor Castel, trabajan, por un lado, la modulación de as-pectos de tipo psicosocial que influyen en la experiencia del dolor, a veces aumentándolo, para que se perciba de forma distinta.

Pero también en conseguir que la persona se adapte lo mejor posible a la situación para que no se deprima “o no lo pase peor de lo que toca”.

Un tercer ámbito de actuación se centra en lograr que el paciente tenga unas actitudes que le permitan desarrollar la máxima capacidad posible. “Es decir, que si puedo hacer cuatro, haga cuatro y no dos, o que si puedo salir a pasear, no me quede en la cama. Muchas ve-ces no depende del dolor en sí mismo, sino de ‘cómo cocino ese dolor'”.

Una de las técnicas que se utilizan, según este psicólogo, es la terapia cognitivo-conductual, que ayuda al afectado “a tomarse las cosas de otra manera”, ya que se sabe que determinadas actitudes, como puede ser el catastrofismo o la falta de control emocio-nal, incrementan la intensidad del dolor y la discapacidad.

El paciente también puede aprender a controlar el dolor mediante técnicas de relajación, de cambio de pensamiento, hipnosis, etc. “Hay toda una serie de recursos que pueden conseguir que el problema impacte menos en su vida”, subraya el doctor Castel.

“Obviamente no es una receta”, precisa el psicólogo, sino que “es algo que hay que traba-jar, de forma individual o en grupo, durante un periodo de tiempo que va a depender de la patología causante del dolor.

Por ejemplo, hay programas que constan de 12 sesiones de dos horas, con frecuencia semanal, y un máximo de 10 personas, con posteriores visitas de seguimiento. “Los datos que tenemos pasado ese tiempo es que el paciente está más adaptado, tiene menos dolor y sus niveles de funcionalidad son mejores”.

Uno de los retos actuales es la utilización de las nuevas tecnologías, tanto para facilitar el tratamiento a pacientes que no pueden desplazarse como para los que viven lejos de una unidad del dolor. Pero también se están ya utilizando en consulta dispositivos de realidad virtual para lograr que “la mente permita distanciar el dolor”.

Los pacientes que mejor responden al tratamiento suelen ser aquellos “más proactivos”. De hecho, parte de la intervención psicológica pretende lograr que lo sean. “Necesitamos ha-cer equipo con el paciente; es determinante”, subraya este experto.

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