Alfonso Gutiérrez, reelegido Presidente de AESE

Fecha

10/09/2021

Medio

Cermi.es

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Alfonso Gutiérrez comienza su tercer mandato como presidente de la AESE con las ideas muy claras y la ilusión sostenida. Crucial es para él conseguir la regulación nacional de los servicios de empleo con apoyo, y utilizar la metodología del empleo con apoyo desde una dimensión global, no centrada en el resultado final como, hasta hace poco, “erradamente” vendían. Se autoimpone también medir el éxito de la inclusión laboral de las personas con discapacidad observando su calidad de vida, y devolviéndoles el poder, que siempre tuvo que radicar en ellas, para elegir el puesto de trabajo que decidan. ¿Cómo? Reubicando las subvenciones en la persona.

¿Qué representa para ti haber sido reelegido por “unanimidad” con la que está cayendo en otras entidades?
Ahora mismo somos cien entidades en la AESE y cada una de ellas nos manifestó el deseo de que continuáramos. Es una satisfacción, el reconocimiento de lo que se ha hecho estos últimos años y, además, durante momentos duros como los que hemos vivido. Esa unanimidad nos impulsa a seguir trabajando y terminar el proyecto que habíamos empezado, dado que se había quedado un poco parado a consecuencia de la pandemia; apoya y permite una línea continuista.
Que haya unidad de acción en una asociación de cien entidades muy distintas entre sí, que todos tengamos un poco la misma idea de lo que tiene que ser y que sea casi unánime, demuestra que existe una buena salud dentro de la organización y evitará que puedan surgir conflictos.
Ya que lo mencionas, ¿cómo ha sido el escenario en vuestro sector durante la pandemia?
La verdad es que complicado. Al principio no se podía ir a las empresas. Durante la primera etapa vimos con agrado que hubiera pocas salidas de personas con discapacidad, y demostró la importancia que las personas con discapacidad han adquirido dentro de las empresas: no son primeros en “salir”. Sin embargo, con el paso del tiempo, entraron en ERTE, los apoyos se volvieron más complicados, y luego, poco a poco, se ha ido volviendo a la normalidad. Aunque, a año y medio del principio de la pandemia, sí que ha existido destrucción de empleo en nuestro sector.
El tema de los servicios de empleo también nos preocupaba porque la financiación es distinta en función de cada Comunidad Autónoma, y en algunos lugares estos servicios se han visto perjudicados. Precisamente, esto marca uno de los objetivos que nos planteamos en estos últimos cuatro años: la regulación de los servicios de apoyo con empleo, que se utilice la metodología de servicios con apoyo como tal, pero para conseguir una financiación estable, y así poder ofrecer un servicio de calidad a todas las personas con discapacidad que buscan un empleo.
Echando la vista atrás, ¿qué logros podrías enumerar conseguidos en la AESE durante tu último mandato?
Hemos cumplido 28 años como AESE. Todo ha evolucionado muchísimo. Recuerdo al hablar de empleo con apoyo hace 30 años que la palabra apoyo o los planes individuales de inclusión laboral chocaban. Ahora nadie se plantea una intervención con las personas con discapacidad que no sea individualizada.
El punto de inflexión fue la Convención de la Discapacidad de la ONU, con la que se reconoció esta metodología de trabajo con la que veníamos trabajando desde hacía tanto tiempo. Más que centrarnos en el empleo ordinario, que es nuestro objetivo, hay que hacerlo en la figura del apoyo para encontrar un puesto de trabajo adecuado a cada persona con discapacidad. Esa es la clave.
En AESE defendemos cualquier tipo de trabajo para las personas con discapacidad. Apostamos como mejor forma el empleo ordinario, pero siempre teniendo en cuenta la posibilidad de elección de cada persona. Esto último es la clave, junto a la figura del apoyo mencionada, porque se ha demostrado como elemental para que todas las personas con discapacidad, todas, puedan tener una oportunidad laboral. Este quizás ha sido el hito más importante.
Y, a nivel personal, el haber superado el número de cien entidades en la asociación, el tener representación en todas las CCAA, el reconocimiento del CERMI -que lo sentimos muy próximo como entidad, muy vinculada por el respaldo que nos supone-, y también que empieza a regularse, al menos en algunas comunidades, los servicios de empleo con apoyo como alternativa a los tradicionales servicios de corte más asistencial para personas con discapacidad.
Entonces la fotografía retrospectiva de la AESE es halagüeña. Ahora hacia el futuro. ¿Qué proyectos, objetivos te propones para estos próximos cuatro años?
Por un lado, conseguir la regulación nacional de los servicios de empleo con apoyo sería un salto de calidad para conseguir una financiación estable del Estado, porque, aunque conseguimos que se aprobara el Real Decreto de Empleo con Apoyo, no ha sido suficiente, porque financia resultados, y cuando hablamos de sectores de población con especiales dificultades, financiar solo resultados no es suficiente.
Hay un proceso previo, que quizás no hemos sabido trasmitir a lo largo de los años, de formación, capacitación, apoyo y posterior seguimiento de las personas, que es fundamental.
También pretendemos trabajar con entidades, Administraciones y empresas para poder generar oportunidades de empleo en todos los ámbitos. Primero en el empresarial, pero también en la Administración porque, por ejemplo, en el ámbito rural, si no vamos de su mano, será muy complicado crear nuevos nichos de mercado en este espacio.
Además, queremos conseguir una mayor participación. Queremos generar una red de trabajadores con discapacidad, que vayan de la mano de la AESE, que reivindiquen su derecho de tener oportunidades de trabajo en primera persona. En paralelo, generar también otra red en la AESE de profesionales de empleo con la figura de los preparadores laborales. Es importante aglutinar a este tipo trabajadores tan especializados, y pretendemos hacerlo mediante una asociación que queremos liderar conjuntamente con el Inico para poner en valor esa prestación de apoyo y conseguir objetivos.
Por otro lado, es muy importante conseguir que las asociaciones de empleo con apoyo tengamos voz y presencia en las CCAA. Es decir, tener opinión y participar en las políticas de empleo que se realicen a nivel autonómico. Y, por último, replicar el modelo que estamos haciendo con el CERMI Estatal también con los CERMIS Autonómicos.
Has hecho alusión a los territorios, a las CCAA, al ámbito rural. Una vez nos contaste un sueño visionario que tenías de “empleo a la carta”, de atreverse a hacer reales nuevas fórmulas y propuestas para que el empleo para personas con discapacidad no se ciñera a las grandes urbes. ¿Ha avanzado ese anhelo de la AESE desde entonces?
Sí, se ha avanzado. Cada vez la idea llega a más personas, y es un reflejo del trabajo que hemos hecho todas las personas y entidades. Cuando empecé en el sector de la discapacidad en 2004 y veía a personas con discapacidad que querían trabajar, eran una minoría. Pero hoy día los adultos con discapacidad, incluso con discapacidad intelectual, enfermedad mental o autismo, que son los últimos que se han subido al carro de la inclusión laboral, el 99,9 por ciento, van a tener una oportunidad laboral. Ese es el reto que hemos conseguido: generar en las personas y en las entidades la expectativa de trabajo. Y hay que ofrecérsela a las personas con discapacidad y a las familias, porque así nos lo reclaman.
Ahora el desafío es absorber toda esa demanda. Con el empleo a la carta no tenemos que centrarnos en empleos de ocho horas diarias, y tenemos una herramienta buena como es la compatibilidad de trabajo y pensión, que podíamos debatir si es poco el dinero que se da o mucho. Hay que aprovechar esa compatibilidad para poder generar esas pequeñas oportunidades y, muy especialmente, en el ámbito rural, preocupante por la falta de empresas.
La calidad de vida debería de ser un punto crucial a la hora de medir el éxito de una inclusión laboral, y la autoestima dentro de ella también es trascendental. Hay personas con discapacidad trabajando que, pasado el tiempo, merman en calidad de vida, en salud, aunque tengan un puesto de trabajo e ingresos económicos.
Sí, la autoestima es importante. Claro, por eso hay que quitar un poco el foco en el resultado y en la valoración tradicional. De ahí la importancia de lo que son verdaderamente los servicios de empleo, y no el Real Decreto tal y como está concebido para obtener un resultado y, en función a este, conseguir una inclusión laboral. Eso genera menos oportunidades para aquellos que tienen más dificultades, porque nos acabamos viciando en la fórmula de que tenemos que conseguir empleos para poder mantener nuestro propio servicio.
Por eso, para a AESE es importante observar ese éxito viéndolo desde el modelo de la calidad de vida, viendo que hay personas con discapacidad que trabajando solo dos horas y compensándolo con su pensión tienen suficiente. Se necesitan esos apoyos para generar no solo el empleo, sino para capacitarlos para una vida en sociedad, para una vida independiente, etc. Estos aspectos también son fundamentales para la persona con discapacidad.
De ese modo, con ese seguimiento desde los servicios de apoyo, también procuraríais a las personas con discapacidad que incluyáis laboralmente un bienestar mental, salud mental… tan importante en los tiempos que corren y más tras la pandemia.
Sí, Sí. Por eso, haciendo autocrítica, siempre he dicho que con todo lo positivo que ha sido el empleo, quizás nosotros tenemos la culpa por haber entrado solo en el resultado final. Hemos ido a vender siempre que conseguimos el empleo como resultado final. Pero no hemos sabido vender todo el trabajo que hay detrás: primero la capacitación para un empleo, que es fundamental, pero, una vez que la persona se incorpora al trabajo, este no termina ahí, al revés, se abren puertas para la persona que tenemos que seguir apoyando: su vida en sociedad, su independencia, su necesidad de vivir en un piso… y eso hay que seguir trabajándolo.
¿Qué pasos se están dando y cuáles te gustaría dar –proyecta- para realizar que el empleo ordinario sea la fuente principal de empleos para las personas con discapacidad?
La clave está en la capacidad de elegir, que la financiación no vaya en función de la forma jurídica que adopte una empresa, sino en la persona, para que ella elija dónde quiere trabajar. Hay que dar el poder a la persona con discapacidad para que elija dónde quiere trabajar: trasladando la subvención a la persona. Este aspecto es clave.
Y otro más es que los contratos que hagan las empresas a las personas con discapacidad, por lo menos el primero, puedan ser más flexibles. Ahora mismo la mayoría son de un año y tienen una bonificación de la Seguridad Social. Hemos pasado una crisis, y el legislador ha legislado para otros sectores como los jóvenes, que está muy bien, con contratos de seis, de tres meses, con la bonificación de la Seguridad Social. Pero esto no lo ha hecho con el nuestro, y sería muy importante porque un año, en realidad, es mucho en los tiempos que corren. Si ese primer contrato pudiera ser de tres meses, nos ayudaría a mejorar el número de personas incluidas laboralmente.
Otros de nuestros intereses para lograr una mayor inclusión es que las medidas que obligan a contratar a empresas de 50 o más trabajadores a un dos por ciento de personas con discapacidad, se amplíe a empresas de 30 trabajadores. Así incluiríamos a pequeñas y medianas empresas. Se trataría de una medida que apelaría a la responsabilidad social de las pymes.
¿Qué hay de aquel compromiso que suscribiste en este periódico hace unos años de investigar “proactivamente las necesidades y apoyos en el empleo de las personas con problemas de salud mental”? Palabras textuales tuyas: “son el sector de la discapacidad que menos accede al empleo, que están en un absoluto segundo plano y quienes menos acceden al mercado laboral con diferencia respecto a otras discapacidades”. ¿Se ha investigado desde entonces en los apoyos en el puesto de trabajo que necesitan las personas con problemas de salud mental?
La verdad es que sí. Incluso en la nueva junta directiva de AESE hemos introducido una entidad que trabaja con personas con problemas de salud mental porque hemos visto el aumento de demandas de empleo por parte de este sector de la discapacidad.
Durante estos años, también hemos hecho monográficos sobre enfermedad mental y empleo con apoyo, e intentamos apoyar la creación de servicios de apoyo específicos para este grupo poblacional.
Aún seguimos manteniendo el mismo reto, porque es difícil, pero sí que se han hecho aportaciones en este ámbito. Con esta nueva incorporación en la junta esperamos incidir más aún en la inclusión laboral de las personas con discapacidad psicosocial.
De hecho, colaboramos en una investigación con el InicoDown EspañaPlena inclusión y Fundación ONCE sobre la jubilación de las personas con discapacidad, porque comenzamos a tener un número cada vez más importante de personas con discapacidad que se jubilan. Y en ella se estudian las mejoras en la jubilación de personas con discapacidad intelectual, con problemas de salud mental y con autismo, especialmente desde el punto de vista de la calidad de vida.
Y, por último, ¿sigues siendo aquel eterno buscador de proyectos vitales para las personas con discapacidad o, con los años, la intensidad y el entusiasmo han ido menguando? 
Sí debo serlo, al menos teniendo en cuenta los comentarios de mi familia -ríe-. Sigo manteniendo la ilusión de generar esos proyectos donde la imagen de las personas con discapacidad y transmitir su enorme potencial de talento sea lo importante. De momento, la sigo sosteniendo porque, aunque es verdad que las cosas son difíciles, cuando se consigue algo en este ámbito es tanta la satisfacción que da, que tenemos que seguir.
El sector de la discapacidad tiene tanta potencia y está tan en auge, aún sin tener todos los recursos que necesitamos, debido precisamente a que hay mucha gente con ilusión y con fe que plantea grandes proyectos. Tenemos a Luis Cayo, que representa esa necesidad de ir a por el máximo siempre.

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