El programa pretende ofrecer profundizar en los fundamentos de la inteligencia emocional y su transferencia a las situaciones de interacción social en los centros educativos, aplicando estrategias de identificación y reconocimiento, comprensión y regulación de las emociones. El modo en que abordamos las situaciones a las que las personas nos enfrentamos cada día influye en nuestro estado mental y físico. Las emociones tienen efecto en nuestras decisiones y en la manera en la que nos relacionamos, en la forma en la que aprendemos y en cómo educamos.
Cuando las emociones se gestionan de una manera saludable, se convierten en nuestras aliadas para lograr construir una vida equilibrada, con efectos positivos en la salud mental y física, en el bienestar emocional y social y, en definitiva, en la calidad de vida de las personas; al contrario, existe un riesgo para nuestra salud física y mental, si la gestión no tiene la suficiente adaptación al contexto. De ahí, la relevancia de la educación emocional con carácter preventivo y reparador del impacto negativo de ciertas experiencias de interacción social. Es evidente que la educación emocional tiene un papel fundamental en la prevención de problemas cada vez más frecuentes en los centros educativos: depresión, suicidio, bajas de profesores por estrés, burnout de los docentes, etc.