Practicar ejercicio físico disminuye el riesgo de padecer cáncer de mama, tanto si se realiza de forma moderada como si se llevan a cabo actividades de mayor intensidad, siempre de manera regular en el tiempo. Esto es así en mujeres premenopáusicas y, en mayor medida, en las posmenopáusicas, incluso las pertenecientes a los denominados “grupos de riesgo” (nulíparas, obesas, usuarias de TH, etc.). Este efecto protector del ejercicio se aprecia en todas las etnias estudiadas (razas blanca, negra y asiática), con prevalencia semejante.
Los elevados niveles de estrógenos son factor de riesgo en el cáncer de mama. La obesidad es la principal causante del aumento de estrógenos en sangre. La actividad física continua, además de otros factores como el descenso en la resistencia a la insulina y la estimulación del sistema inmunitario, se han mostrado eficaces para reducir dicho riesgo.
Además, se ha observado que realizar algún tipo de ejercicio físico mejora la calidad de vida, la funcionalidad y el bienestar de las mujeres que ya padecen este tipo de cáncer y están sometidas al protocolo de tratamiento oncológico. De otra parte, se han registrado una disminución en el número de recidivas y una mejora del pronóstico, medido en índice de supervivencia al tumor.
Resumen realizado por el/los autores recogido del propio artículo